Antidemocracia en la República Argentina

Al producirse en la República Argentina el golpe de estado del 24 de marzo de 1976 se cerraba un ciclo iniciado tres años antes con el triunfo del Frente Justicialista

Al producirse en la República Argentina el golpe de estado del 24 de marzo de 1976 se cerraba un ciclo iniciado tres años antes con el triunfo del Frente Justicialista

Al producirse en la República Argentina el golpe de estado del 24 de marzo de 1976 se cerraba un ciclo iniciado tres años antes con el triunfo del Frente Justicialista y culminaba, al mismo tiempo, un período en el cual las fuerzas armadas fueron conquistando progresivamente el poder hasta lograrlo en su totalidad. El gobierno que presidía la Sra. Isabel Martínez de Perón, en el momento de su derrocamiento, había caído en un total deterioro. Al amparo de la incompetencia que evidenciaba la presidenta para las funciones que le correspondía desempeñar, se habían engendrado dos serias distorsiones en esferas fundamentales del país. El poder que detentaban las fuerzas armadas y los dirigentes de una burocracia sindical peronista, no se compaginaba con el equilibrio de poderes establecidos por las normas de la Constitución Nacional. Antidemocrático es un término utilizado para referirse a una posición que rechaza la democracia como la forma más adecuada para tomar decisiones dentro de un determinado tipo de organización social. Hasta la Independencia de los Estados Unidos en 1776 la democracia fue rechazada de manera generalizada como una buena forma de gobierno. Desde entonces la misma fue aceptada en forma creciente como el mejor sistema para tomar decisiones colectivas, tanto en las organizaciones estatales como sociales y privadas. Sin embargo, contra lo que muchas veces se sostiene la aceptación de la democracia no ha sido unánime, y en muchas organizaciones, campos y países, existen grupos y personas que se oponen a la democracia, sosteniendo que existen mejores formas de tomar decisiones. Entre las figuras importentes asociadas con el pensamiento antidemocrático están Martin Heidegger, Hubertp Lagardelle, Charles Maurras, Friedrich Nietzsche, Adolf Hitler, Platón, Carl Schmitt, Hans-Hermann Hoppe, Oswald Spengler, Nicolás Gómez Dávila, Elazar Menachem Shach y Jorge Luis Borges. Una variedad de ideologías y sistemas políticos se han opuesto a la democracia incluyendo la monarquía absoluta, la aristocracia, el fascismo, la tutela de los juristas islámicos (en su forma absoluta), la teocracia, el neofeudalismo o el anarcocapitalismo. El término «antidemocrático» es de uso habitual para descalificar las opiniones, actos y mecanismos decisorios de los opositores.

Características de la posición antidemocrática

La posición antidemocrática puede apoyarse en algún tipo de pensamiento elitista, que sostiene que un pequeño grupo de miembros de la organización de que se trate, puede dirigir mejor la organización y satisfacer mejor los intereses comunes, que la mayoría. También puede plantearse en términos de que el exceso de democracia en ciertos aspectos puede ser contrario a la libertad individual y la razón, dándole a la mayoría el poder de reglar la vida privada, o argumentando que idealizar la democracia, exaltando las mayorías o el pueblo, puede favorecer la aparición de la oclocracia o el populismo. Este tipo de posición suele predominar en organizaciones militares y económicas, respectivamente. En las primeras se sostiene que las características de la guerra impiden que las decisiones sean tomadas de manera deliberativa; en las segundas, el derecho de propiedad impone la preeminencia del aporte de capital sobre el aporte personal a las empresas e industrias.

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