Imposible Olvidar

es Imposible olvidar un caso con tanta repercusión, que casi queda en una total impunidad.

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es Imposible olvidar un caso con tanta repercusión, que casi queda en una total impunidad.

Imposibles Olvidar, imprescindible recordar Maria Soledad Morales vive entre nosotros, como tantas inocentes mas

María Soledad Morales fue una joven estudiante argentina asesinada en la capital catamarqueña, por dos «hijos del poder», lo que devino en una crisis política de repercusión nacional.

El intento de las autoridades de Catamarca por encubrir el asesinato desencadenó históricas movilizaciones populares que contaron con el apoyo de amplios sectores en todo el país, tras lo cual se logró el esclarecimiento del homicidio, se puso de manifiesto las condiciones semifeudales de ejercicio del poder en muchas provincias argentinas, y produjo un considerable cambio político en Catamarca.

María Soledad Morales nació el 12 de septiembre de 1972 en Valle Viejo, Provincia de Catamarca, hija de Elías Morales y Ada Rizzardo. A María Soledad, o «Sole» como la llamaban los más cercanos, le gustaba escribir poemas y era buena estudiante, excepto algunas veces en matemáticas.

Era consciente de la situación económica de su familia, y por eso mismo le había comunicado a su madre que cuando terminara el secundario iba a estudiar para ser maestra jardinera, ya que era una carrera corta, y con su sueldo ayudaría en los gastos de la casa.

A veces era niñera de sus primos o de los hijos de los amigos de la familia, cuando estos tenían que salir y no sabían con quien dejarlos. Su pasatiempo era escuchar música del Trío San Javier o Paz Martinez. Uno de sus sueños era el de ser modelo, debido a su estatura (1,63) sus amigas la apoyaban alabando su figura.

Según un test realizado durante un retiro espiritual, se le pregunta sobre una fecha inolvidable y María Soledad escribe “21 de enero”. Esa fecha se refiere al verano de 1989, día en que conoció a Luis Tula,​ un hombre mayor que ella con el que tuvo un noviazgo en secreto debido a la diferencia de edad; él tenía 28 años y ella 17.

El caso María Soledad Morales

En la noche del viernes 7 de septiembre de 1990, María Soledad Morales asistió a la discoteca “Le Feu Rouge”, en donde se organizaba una fiesta con el fin de recaudar fondos para el viaje de egresados de su curso en el Colegio del Carmen y San José.

Sus padres le habían dado permiso de quedarse a dormir en la casa de una compañera suya, y María Soledad les dijo que volvería alrededor de las 16 horas del siguiente día, pero no fue así. En la madrugada del 8 de septiembre, entre las 03:00 y 03:30, Luis Tula, un individuo maduro que -según relatos de compañeros-, era su novio, la recogió en la discoteca donde se celebraba la fiesta de su promoción de bachilleres y la invitó a otra discoteca llamada “Clivus”. Allí la presentó con otros individuos, hijos de funcionarios políticos y policiales de la provincia, entre los que se encontraba Guillermo Luque y de acuerdo con testimonios de empleados de la discoteca, salió de allí “obnubilada”, acompañada de varios hombres que la subieron a un vehículo. Nunca más sería vista con vida.

A las 9:30 del lunes 10 de septiembre de 1990, en una zona conocida como Parque Daza (a siete kilómetros de la capital catamarqueña sobre la ruta 38),​ el cuerpo de María Soledad Morales fue encontrado por unos operarios de Vialidad Nacional. Había sido salvajemente violada.

La escena del hallazgo fue alterada, manipulada por tres individuos vistos por un colectivero. Más tarde se supo que había muerto de un paro cardíaco por una dosis letal de cocaína que le habían obligado a consumir sus secuestradores violadores y asesinos. Fue reconocida por su padre por una pequeña cicatriz en una de sus muñecas.

Desde un primer momento las investigaciones fueron demoradas y manipuladas. El mismo jefe de la Policía de la Provincia, comisario general Miguel Ángel Ferreyra ―padre de uno de los asesinos―, al hallar el cadáver ordenó que lo lavaran, borrando huellas y señales de modo irrecuperable.

Los primeros rumores del pueblo decían que los responsables serían parientes de funcionarios, a quienes coloquialmente se los llamaba «los hijos del poder». Los medios de comunicación difundían que en el crimen eran sospechosos los jóvenes Guillermo Luque (hijo del diputado nacional Ángel Luque), Pablo y Diego Jalil (sobrinos del intendente José Jalil) y Miguel Ángel Ferreyra (hijo del jefe de policía provincial).

Se tardó más de dos meses en abrir la investigación judicial, y una vez que la justicia intervino, el favoritismo hacia los posibles involucrados fue evidente.

En esas condiciones, Ángel Luque ―diputado nacional por Catamarca y padre de Guillermo Luque―, declaró que si su hijo hubiera sido el asesino, el cadáver no habría aparecido. El escándalo llevó a la expulsión del diputado del Congreso y a que en 1991 el gobierno nacional, a cargo entonces del presidente Carlos Menem, interviniera primero el poder judicial de la provincia, luego el poder legislativo, y finalmente el poder ejecutivo, destituyendo a Ramón Saadi, continuador de una larga tradición de gobernadores pertenecientes a su familia y aliado de Menem.

Crimen de María Soledad | La vida de los condenados, a 25 años

Guillermo Luque y Luis Tula recuperaron la libertad hace 9 y 5 años respectivamente, tras cumplir dos tercios de su condena.

Todos los 8 de septiembre se cumplen años del brutal asesinato de María Soledad Morales.

es Imposible olvidar un caso con tanta repercusión, que casi queda en una total impunidad.
es Imposible olvidar un caso con tanta repercusión, que casi queda en una total impunidad.

El crimen que revolucionó el país destapó una trama de intereses políticos vinculados a clanes familiares en una provincia semi-feudal como Catamarca. Los dos imputados por el homicidio, Guillermo Luque (49) y Luis Tula (51)-ex novio de la joven-, recuperaron la libertad hace nueve y cinco años respectivamente, tras cumplir dos tercios de su condena.

El hijo del ex diputado Ángel Arturo Luque fue arrestado por ser considerado autor material del crimen. A pesar de que su padre trató de usar todas sus influencias en el gobierno catamarqueño para que Guillermo saliera impune del homicidio, el 28 de febrero de 1998 fue condenado a 21 años de prisión. El 12 de abril de 2010 la jueza catamarqueña Alicia Cabanillas le otorgó la libertad condicional tras 14 años entre rejas por su “impecable” comportamiento como presidiario.

Tras ser liberado, Luque sostuvo que no participó en el crimen y que fue “un preso inocente”. Se mudó con su padre en su residencia “Puerta de Hierro” (nombre inspirado en la residencia de Perón durante su exilio en España) de Valle Viejo, a unos diez kilómetros al este de la capital de Catamarca, hasta un año más tarde cuando el ex diputado falleció.

Luque actualmente se dedica a negocios inmobiliarios que gestiona a través de su página de Facebook, puesto que nunca terminó sus estudios de derecho en Buenos Aires ni tampoco siguió los pasos de su padre en el mundo de la política. Se separó de su mujer Florencia Alustiza.

Tula, condenado a 9 años de prisión por ser partícipe secundario del asesinato, aprovechó los 6 años que estuvo en el penal Julio Herrera en Catamarca para arrancar sus estudios en derecho. Salió en libertad en el año 2006 y en noviembre de 2009 juró como abogado en el foro local tras graduarse en la Universidad de La Rioja. Separado de su pareja de entonces, Ruth Salazar, actualmente vive en Catamarca. Ejerce como abogado especializado en Derecho  Penal con la matrícula 1.941. En uno de sus últimos casos tuvo que asesorar a un docente acusado de haber manoseado a un adolescente en cercanías a la Terminal de Ómnibus, según informó el sitio catamarqués El Ancasti.

Trata de evitar el contacto con la prensa y mantiene una vida de bajísimo perfil. Pero Luque y Tula no fueron los únicos en la mira de la justicia por el crimen. La Cámara en lo Penal de Segunda Nominación ordenó detener a Eduardo “El Loco” Méndez y a Hugo “Hueso” Ibáñez, amigos de Luque, por ser considerados coautores de la violación seguida de muerte, agravada por el uso de estupefacientes, al haber participado de la reunión en la que la joven perdió la vida.

Ambos fueron encarcelados y procesados, aunque finalmente fueron sobreseídos por falta de pruebas. Varios testigos afirmaron en aquel entonces que vieron a Méndez en el boliche Clivus la noche en la que María Soledad fue vista con vida por última vez, motivo por el cual el hombre fue investigado. No obstante, en agosto de 1999 el juez José Antonio Carma sobreseyó a “El Loco” de forma definitiva luego de la declaración de Jesús Muro, el barman del local, quien se retractó de sus dichos que lo señalaban como uno de los participantes de las “orgías” que se realizaron en el lugar.

Dedicado al sector del comercio, Méndez falleció el 26 de mayo de 2012  a los 47 años luego de haberse sometido a una operación para colocarse un cinturón gástrico en el Sanatorio Privado de Catamarca. Su familia denunció al centro médico por mala praxis.    Por su parte, Ibáñez estuvo prófugo de la Justicia durante un mes en 1998 tras conocerse el fallo en contra de Luque y Tula, aunque fue detenido treinta días después en la casa familiar. Durante el proceso judifical fue señalado en reiteradas ocasiones como un supuesto tratante de blancas, que proveía de mujeres jóvenes a hombres relacionados con el poder. Al igual que Méndez, en agosto de 1999 fue sobreseído.

El 23 de septiembre de 2013, Ibáñez murió debido a las secuelas que le dejó un derrame cerebral que sufrió previamente, que le había causado además una parálisis parcial de su curpo

Fuente www.perfil.com

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