Las áreas rurales o el campo también se han convertido en uno de los focos principales causantes del aumento de la temperatura ambiental: por cada 20 hectáreas de bosque deforestado, aumenta en 1°C la temperatura. Entonces, ¿qué estrategias hay actualmente para solucionar este problema? 

Si bien no se puede frenar o prohibir completamente el consumo de combustibles fósiles porque eso no ayudaría en nada, sino que empeoraría la situación, lo que se puede hacer es realizar una transición energética que permita cambiar de energías convencionales a energías renovables de manera progresiva y así ir cambiando nuestros hábitos de consumo.

Sin embargo, hay otra manera para solucionar este problema y es la AbE o Adaptación basada en Ecosistemas, cuya meta es aumentar la resistencia y reducir la vulnerabilidad de los ecosistemas y las personas ante los impactos del cambio climático. Ello implica el desarrollo de estrategias de reforestación, conservación y manejo de áreas de importancia ecológica en zonas urbanas y rurales, con el objetivo de garantizar no sólo la recuperación de la biodiversidad, sino que las personas puedan adaptarse a los efectos del cambio climático. 

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Para entender un poco más este concepto, estudiemos algunas definiciones: la Convención Marco de las Naciones Unidas define la AbE como la “estabilización de las concentraciones de GEI para garantizar que los ecosistemas se adapten de manera natural al cambio climático, haya alimentos suficientes y permitir el desarrollo de la economía de manera sostenible”.

Otra definición importante es de la Convención de Diversidad Biológica: “la Adaptación basada en Ecosistemas es el uso de la biodiversidad y los servicios de los ecosistemas como parte de una estrategia global de adaptación para ayudar a las personas a adaptarse a los efectos adversos del cambio climático”. 

Adicionalmente el IPCC la define como un “ajuste en las iniciativas y medidas encaminadas a reducir la vulnerabilidad de los sistemas naturales y humanos ante los efectos reales o esperados del cambio climático” y la IUCN la define como “la utilización de la biodiversidad y los servicios de los ecosistemas como parte de una estrategia global de adaptación para ayudar a la gente a adaptarse a los efectos adversos del cambio climático”.

Estas definiciones han sido basadas en los principios del Acuerdo de París, que busca evitar que la temperatura aumente 1.5°C de acuerdo al más reciente estudio de la IPCC, las Contribuciones Nacionales Determinadas que son compromisos nacionales sobre el porcentaje de disminución de GEI emitidas en un período establecido y la Estructura Ecológica Principal que es el eje estructural del ordenamiento territorial, definida como una porción del territorio que se selecciona y se delimita para su protección.

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Es así como los ecosistemas sirven como una herramienta para adaptarnos a los efectos del cambio climático, por lo que podríamos pensar que un ecosistema nativo debe ser protegido y conservado para el beneficio humano. Pero ¿qué pasa con los ecosistemas que han sido alterados y luego reforestados? ¿Son aptos para la AbE? 

Si bien los ecosistemas que son deforestados pierden sus funciones ecosistémicas originales, es cierto que al momento de reforestarlos no vuelven a ser los mismos, ya que han sido alterados y quebrantados. Es como si tuvieras un jarrón antiquísimo (de esos que alguna vez pertenecieron a una dinastía china) que ha sobrevivido durante generaciones y un día, limpiándolo, se te cae y se parte en mil pedazos.

Por más que lo pegues y formes de nuevo, no volverá a ser el mismo, ya que se pueden ver las “cicatrices” y así se pierde su encanto milenario. Lo mismo pasa con los ecosistemas nativos, pueden ser reforestados pero no volverán a ser los mismos. 

Sin embargo, sí pueden ser usados para la AbE, ya que siguen siendo ecosistemas estratégicos que ayudan a minimizar los daños causados por el cambio climático, y de esta manera no sólo nos beneficiamos los seres humanos, sino que ayudan también a la proliferación de especies endémicas en el campo y en la ciudad.

Un ejemplo muy claro que plantea la IUCN para entender este concepto, es el manejo en ecosistemas costeros para reducir las inundaciones durante las marejadas.

Los manglares, las ciénagas salinas y otros tipos de vegetación costera proporcionan una infraestructura natural que reduce, tierra adentro, los impactos derivados de la energía del oleaje, actúa como una barrera para detritos y reduce la erosión costera. Como zonas de amortiguamiento naturales, los ecosistemas costeros son, a menudo, más asequibles de conservar y más eficaces que las obras de infraestructura física. 

Por lo anterior, podemos concluir que actualmente tenemos un rol en la protección de los ecosistemas, ya que nos encontramos estrechamente relacionados con ellos no sólo como especie sino también como actores políticos, culturales, económicos y sociales en la reducción de los riesgos climáticos y el aumento de la resiliencia frente a las condiciones de variabilidad y cambio climático.