Virgen de San Nicolas

Muchos son los Gualeyos devotos de la Virgen de San Nicolas y el Sagrado Corazón.

Muchos son los Gualeyos devotos de la Virgen de San Nicolas y el Sagrado Corazón.

Muchos son los Gualeyos devotos de la Virgen de San Nicolas y el Sagrado Corazón.

Virgen de San Nicolas, procura protegernos de todo mal y mantén unido a nuestra Nación

Desde el olor a rosas en el “campito” y la iluminación de los rosarios hasta quienes afirman haber superado enfermedades críticas por la fe. La Virgen del Rosario de San Nicolás es una de las muchas advocaciones con la que se venera la figura de la Virgen María en el catolicismo. El día 25 de mayo del año 2009 fue coronada. Esta imagen genera uno de los fenómenos de peregrinación católicos más importantes de la República Argentina.

Cada 25 de septiembre, la ciudad de San Nicolás recibe a cientos de miles de peregrinos y fieles que concurren para rendir homenaje a la imagen de Nuestra Señora del Rosario de San Nicolás. En el año 2003, al cumplirse 20 años de la primera supuesta aparición de la Virgen, se congregó el segundo mayor número de fieles: 400.000 personas.

Llegaron peregrinos de todas las provincias de Argentina, con grupos de más de 1000 personas que recorrieron a pie los 240 km que separan San Nicolás de la ciudad de Buenos Aires. Un trayecto tres veces mayor que el que va de Buenos Aires hasta Luján. El 25 de septiembre de 2013, al cumplirse 30 años de la aparición de la Virgen, llegaron a la ciudad 500.000 personas, superando la cantidad de fieles del 2004, y siendo hasta el momento el año con mayor cantidad de concurrencia de peregrinos.

Muchos son los Gualeyos devotos de la Virgen de San Nicolas y el Sagrado Corazón.
Muchos son los Gualeyos devotos de la Virgen de San Nicolas y el Sagrado Corazón.

Era el año 1983 cuando en varias casas de la localidad de San Nicolás empezaron a surgir testimonios de iluminación repentina de rosarios que tenían las familias colgados en sus casas. Una de esas vecinas, Gladys Quiroga de Motta, entendió que eso podía ser una señal y empezó a rezar, hasta que el 25 de septiembre de 1983, la Virgen se le apareció por primera vez.

La segunda aparición fue tres días más tarde y, la tercera, el 7 de octubre. Ese día, completamente intrigada, Motta se atrevió a preguntarle qué quería. La Virgen no le contestó, pero en cambio ella recibió la visión de una capilla. Motta concurrió a la iglesia y le contó al sacerdote Carlos Pérez lo que le sucedía. Él le recomendó que de momento no se lo comentara a nadie porque, “pueblo chico infierno grande”, corría el riesgo de que la tomaran por loca. “A lo mejor las apariciones cesan”, le dijo.

Pero al día siguiente no sólo no cesaron, sino que la Virgen empezó a hablarle. Y dos días más tarde, le insistió: “Soy patrona de esta región. Haz valer mis derechos”.

Mujer con poca formación escolar, apenas de cuarto grado, y sin conocimiento de las Escrituras, llamaba la atención que Motta recordara con  exactitud las citas bíblicas que la Virgen le hacía en sus apariciones. Esto llevó al obispo diocesano de entonces, monseñor Antonio Rossi, a recibirla y a pedirle que le describiera la apariencia de la Virgen: “No coincide con ninguna de las imágenes de la iglesia”, le contestó la mujer.

El 19 de noviembre, en otra aparición, la Virgen le dijo a Motta: “Eres puente de unión. Predica mi palabra”; y el 24, un rayo de luz señaló el emplazamiento del futuro templo. “No estoy donde debo estar. Quiero estar en la ribera del Paraná”, le escuchó decir.

El 27 de noviembre Motta volvió a la iglesia y el cura la llevó al campanario, porque recordó que allí yacía depositada desde hacía años una imagen antigua y muy deteriorada de la Virgen del Rosario, para ver si se parecía a la que ella veía. Y así fue. “Esta es la imagen, es ella”, dijo emocionada la mujer. Y recién ahí ambos comprendieron el porqué de aquel primer reclamo: “Soy patrona de esta región. Haz valer mis derechos” .

Es que esa imagen deteriorada y arrumbada en el campanario había sido una donación hecha por el Vaticano y estaba bendita por el papa León XII, cuando en 1884 fue inaugurado el templo parroquial de San Nicolás de Bari. El regalo fue hecho en función de que la Virgen del Rosario había sido elegida cien años antes como Primera Patrona del Curato de los Arroyos.

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